martes, 25 de marzo de 2008

Los dioses de la luz


Antes de que los Mapuches descubrieran como hacer el fuego, vivían en grutas de la montaña; "casa de piedra", las llamaban.

Temerosos de las erupciones volcánicas y de los cataclismos, sus dioses y sus demonios eran luminosos. Entre estos el poderoso Cheruve. Cuando se enojaba, llovían piedras y ríos de lava. A veces el Cheruve caía del cielo en forma de aerolito.

Los Mapuches creían que sus antepasados revivían en la bóveda del cielo nocturno. cada estrella era un antiguo abuelo iluminado que cazaba avestruces entre las galaxias.

El Sol y la Luna daban vida a la Tierra como dioses buenos. Los llamaban Padre y Madre. Cada vez que salia el Sol, los saludaban. La luna, al parecer cada 28 días, dividía el tiempo en meses.

Al no tener fuego, por que no sabían encenderlo, devoravan crudos sus alimentos; para abrigarce en tiempo frío, se apiñaban en las noches con sus animales, perros salvajes y llamas que habían domesticado. Tenían horror a la oscuridad, era signo de enfermedad y muerte. Se imaginaban cosas terribles.

En una de esas grutas vivía una familia: Caleu, el padre, Mallen, la madre y Lican, la hijita. Una noche, Caleu se atrevió a mirar el cielo de sus antepasados y vio un signo nuevo, extraño, en el poniente: una enorme estrella con una cabellera dorada. Preocupado, no dijo nada a su mujer ni tampoco a los indios que vivían en las grutas cercanas. Aquella luz celestial se parecía a la de los volcanes, traería desgracias? ,quemaría los bosques?. Aunque Caleu guardo silencio, no tardaron en verla los demás indios. Hicieron reuniones para discutir que podría significar tan hermoso signo del cielo. Decidieron vigilar por turnos frente a sus grutas. El verano estaba llegando a su fin y las mujeres subieron una mañana muy temprano a buscar frutos de los bosques para tener comida en el tiempo frío. Mallen y su hijita Lican treparon también a la montaña. Traeremos piñones dorados y avellanas rojas dijo Mallen. Taeremos raices y pepinos del copihue dijo Lican. La niña acompaño otras veces a su madre en estas excursiones y se sentía feliz. Vuelvan antes que caiga la noche, les advirtió Caleu. Si nos sorprende la noche, nos refugiaremos en una gruta que hay allá arriba, en los bosques, lo tranquilizo Mallen.

Las mujeres llevaban canastos tejidos con enredaderas, parecía una procesión de choroyes, conversando y riendo todo el camino. allá arriba había gigantescas araucarias, que dejaban caer lluvias de piñones. Y los avellanos lucían sus frutas redondas, pequeñas, rojas unas, color violeta y negras otras, según iban madurando.

No supieron como pasaron las horas. El sol comenzo a bajar y cuando se dieron cuenta, estaba por ocultarce. Asustadas, las mujeres hecharon los canastos a su espalda y tomaron a sus niños de la mano. Bajemos, bajemos, se gritaban unas a otras. No tendremos tiempo. Nos tomara la noche y en la oscuridad nos perderemos para siempre,advirtió Mallen.

Que haremos entonces? dijo la abuela Collalla, que no por ser la mas vieja, era la mas valiente.

Yo se donde hay una gruta por aquí cerca, no tenga miedo abuela, dijo Mallen. Guió a las mujeres con sus niños, por un sendero rocoso. sin embargo, al llegar a la gruta, ya era de noche. Vieron en el cielo del poniente la gran estrella con su cola dorada.

La abuela Collalla se asusto mucho. Esa estrella nos trae un mensaje de nuestros antepasados que viven al en la bóveda del cielo,exclamo.

Lican se aferro a las faldas de su madre y lo mismo hicieron los demás niños. Vamos, entremos a la gruta y dormiremos bien juntas para que se nos pase el miedo,dijo Mallen. Eso seria lo mejor,murmuro Collalla, temblorosa. Ella conocía viejas historias, había visto reventarce volcanes, derrumbarse montañas, inundaciones, incendios de bosques enteros.

No bien entraron a la gruta, un profundo ruido subterráneo las hizo abrasar invocando al Sol y a la Luna, sus espíritus protectores. Al ruido siguió un espantoso temblor, que hizo caer cascajos del techo de la gruta. El grupo se arrincono, aterrorizado. Cuando paso el terremoto, la montaña siguió estremeciéndose como el cuerpo de un animal nervioso.

Las mujeres palparon a sus hijos,no,nadie estaba herido. Respiraron un poco y miraron hacia la boca blanquecina de la gruta: por delante de ella cayó una lluvia de piedras que al chocar hachaban chispas.

Mire, grito Collalla, piedras de luz, nuestros antepasados nos envían este regalo. Como luciérnagas de un instante, las piedras rodaron cerro abajo, y con sus chispas encendieron un enorme coihue seco que se erguia al fondo de una quebrada.

El fuego ilumino la noche y las mujeres se tranquilizaron al ver la luz. La estrella con su espíritu protector mando el fuego para que no tengamos miedo, dijo la abuela Collalla riendo. Niños y mujeres también rieron, aplaudiendo el fuego. El grupo silencioso contemplo las llamas como si fuera el mismo Padre Sol que hubiera venido a acompañarlas. Se sentaron junto a la gruta, oyendo crepitar las llamas como música desconocida. Al rato llegaron los hombres, desafiando las tinieblas, por buscar a sus niños y mujeres. Caleu se acerco al incendio y tomo una llama ardiente; los otros lo imitaron, y una procesión centelleante bajo de los cerros hasta sus casas. Por el camino iban encendiendo otras ramas para guiarce.

Al otro día, oyendo el relato de las piedras que lanzaban chispas, los indios subieron a recogerlas y al frotarlas junto a ramas secas lograron encender pequeñas fogatas.

Habían descubierto al pedemal. Habían descubierto como hacer fuego.

Desde entonces, los Mapuches tuvieron fuego para alumbrar sus noches, calentarce y cocer sus alimentos.

lunes, 17 de marzo de 2008

Atos e Igon


....y los dos grandes dioses, se posaron sobre la tierra, como el bien y el mal. Atos, que era el amor en todas sus formas llevaba en su interior e Igon que por no encontrar el amor, se aferro a lo mas cercano y fácil, el odio.

Atos, hizo de las tierras altas de los Andes su hogar, mientras huía de Igon, pero este implacable lo siguió hasta aquí, pues el odio siempre aparecerá en alguna de sus formas, donde habita el amor, y contrario a lo que muchos piensan, lo contrario al amor no es el odio, si no la indiferencia. Por eso donde ellos no están solo queda la nada.

Atos contamino de amor la tierra creando y representando con el cielo, el amor infinito, con el verde de las plantas la paz, con la nieve de las altas cumbres la pureza, con los animales la sabiduría y creo la lluvia para lavar lo que no nos deja vernos a nosotros mismos.

Sin embargo luego de la lluvia, nació la vida, Atos la vio y su estado de amor fue tal que ya no pudo seguir huyendo.

Un día llego Igon y al ver tanto amor, su odio se hizo mas y mas fuerte y con un ultimo conjuro convirtio a la Vida en pez y a Atos en ciervo. Y aunque hayan pasado miles de años. El amor de Atos es como el cielo y hoy, al igual que siempre, cuando llegue el crepúsculo, el ciervo bajara a escondidas de los cerros y mojara sus labios en el agua y sin que nosotros e Igon nos demos cuenta, recibirá el beso del amor de la trucha, que le dará fuerzas para esperar a estar juntos, un día mas...